domingo, febrero 11, 2018

LA FAMILIA UNIDA.


LA CASA DEL PAN
REFLEXIÓN Nº5
© Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: “1 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! / 2 Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras; / 3 Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.” (Salmos 133:1-3 

Idea central: Amarnos los unos a los otros. 

Objetivos: a) Aprender a convivir los cristianos como lo enseña el Señor; b) Aprender a vivir en unidad a pesar de nuestras diferencias; c) Comprender que el Señor nos ha concedido Su Espíritu Santo para poder amarnos los unos a los otros; d) Construir y mantener la unidad en la familia y la Iglesia; e) Sujetamos los unos a los otros, considerándonos miembros del Cuerpo de Cristo y siendo veraces entre nosotros; f) Cultivar la paz de unos por otros, tolerándonos y confesándonos para sanidad; g) Tener comunión unos con otros, edificándonos y animándonos en la unidad; y h) Practicar el amor fraternal los unos por los otros. 

Resumen: El Evangelio y la enseñanza apostólica es pródiga en señalar cómo debemos vivir y propiciar la unidad en la Iglesia, de lo cual la familia es ejemplo, ya que las relaciones en ella se basan en el amor. La presente enseñanza toma aquellos textos en que se destaca cómo debe ser la relación de “los unos con los otros” en cuatro áreas: el corazón, la conciencia, la mente y el espíritu. La unidad de los cristianos es un anhelo de Jesús.
 

E
l deseo del Señor es que los hermanos en una familia se amen, se aprecien, se cuiden, se preocupen unos de otros, que convivan en armonía. Mayormente los hermanos en la fe; están unidos espiritual y psicológicamente por el Espíritu Santo, por tanto no pueden ni deben establecer separaciones, ser fríos, enemistarse ni odiarse. Es bueno para Dios que los cristianos permanezcamos unidos, pues somos la Familia de Dios.  

La oración del Señor la noche en que estuvo compartiendo por última vez con Sus discípulos, fue por la unidad de ellos y nosotros: “20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,  / 21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” (San Juan 17:20,21)

Dios quiere que las familias estén unidas y a su vez se unan a otras familias para formar la comunidad de hermanos cristianos. Eso es la comunidad, la “común unidad”. Lograr la verdadera comunión de espíritus, ser esa comunidad de “un corazón y un alma” es el mayor desafío para la familia y la Iglesia. Sólo el amor puede lograr esa unidad. Es necesario que nos amemos unos a otros. En el Nuevo Testamento aparece 46 veces la expresión “unos a otros” en forma positiva, refiriéndose al comportamiento que debe haber entre hermanos cristianos. 

¿Cómo se logrará construir y mantener la unidad? 

1.      EN EL ÁREA DEL CORAZÓN Y LA FE:

a)      Sujetarse los unos a los otros.
Someteos unos a otros en el temor de Dios.” (Efesios 5:21) Un corazón que ha creído en Jesucristo es un corazón que se somete a la autoridad delegada por Dios. Los más jóvenes en las familias y la Iglesia se someterán a los que tienen más años y experiencia, a los que han acumulado sabiduría: Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes.” (1 Pedro 5:5). Nada más desagradable a Dios que el orgullo que cree que no necesita someterse. La sujeción es vital en la Iglesia para conformar un solo Cuerpo. 

b)      Considerarse miembros los unos de los otros.
Cada familia es una célula del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Por eso nosotros hablamos de casa-iglesia o cenáculos. En esa instancia el Señor se manifiesta con Su amor y sabiduría, allí se desarrolla la verdadera fe. Todos los cristianos constituimos espiritualmente un solo organismo: así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” (Romanos 12:5).  

Considérate una prolongación de tu hermano o hermana, así como la pierna se une al muslo por medio de una coyuntura que es la rodilla. Los cristianos estamos unidos por nuestras coyunturas o articulaciones. Las familias son miembros del Cuerpo que es la Iglesia y se unen unas a otras por las coyunturas que son los ministros y líderes. 

c)      Ser veraces los unos con los otros.
Para que la fe funcione debe haber una relación de veracidad, transparencia y honestidad entre los hermanos: No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,” (Colosenses 3:9). Así podrá desarrollarse la fe en sumisión, sujeción, obediencia, fidelidad y responsabilidad. El máximo desarrollo de la fe nos conduce al compromiso con Cristo y Su obra. 

Si somos sujetos los unos a los otros, considerándonos miembros del Cuerpo de Cristo y somos verdaderos con nuestro prójimo, se desarrollará la fe en el corazón de la familia y la Iglesia, conduciéndola a la unidad de sus miembros.
 

2.      EN EL ÁREA DE LA CONCIENCIA Y LA PAZ:

a)      Tener paz los unos con los otros.
Es imprescindible la paz en la familia y la comunidad cristiana, si desea vivir feliz y transmitir esa alegría de vivir en Cristo al resto de la sociedad: Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros.” (San Marcos 9:50). Una cristiandad que no vive en paz, que se divide, se critica entre sí, habla mal de los hermanos y otras comunidades de su fe, es una sal insípida. El mensaje de Jesús es de paz y perdón, de comprensión y no de venganza ni de culpabilidades. 

b)      Tolerarse unos a otros.
Si tenemos la paz en nuestra conciencia no juzgaremos a otros, ni a nosotros mismos: Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.” (Romanos 14:13). Ni juicios ni murmuraciones son adecuadas: Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.” (Santiago 4:11). Debemos recibirnos como Cristo nos recibió, para gloria de Dios, y evitar quejarnos unos de otros. No nos constituyamos en jueces pues hay un solo Juez y está a la puerta. 

c)      Confesarse y orar unos por otros.
Hay muchos aspectos en el alma que necesitan ser sanados, para lo que es útil la confesión, el abrirse a un hermano mayor, como al Señor. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” (Santiago 5:16). A pesar de que la conciencia fue lavada por la sangre de Cristo de toda culpabilidad, persisten algunas cuestiones molestándola; la sanidad de esas heridas, traumas o complejos implica un proceso de sanidad interior guiado por el Espíritu Santo, a través del tutor.  

Si tenemos paz unos con otros, aceptamos nuestras diferencias y somos capaces de confesar las culpas, se desarrollará la paz en las conciencias de la familia y la Iglesia, lo que ayudará a la unidad en Cristo. 


3.      EN EL ÁREA DE LA MENTE Y LA ESPERANZA:

a)      Tener comunión los unos con los otros.
No se puede crecer aislado del Cuerpo de Cristo; es preciso desarrollarse en comunidad con otros cristianos. En la familia de Dios se desarrolla integralmente el discípulo: Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” (Hechos 2:42). En comunidad aprendemos la doctrina, practicamos los valores y virtudes cristianas, participamos de los sacramentos y oramos los unos por los otros.  

b)      Edificarse unos a otros.
La comunión entre hermanos casi siempre está unida a la alimentación y edificación de la mente con la Verdad: La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” (Colosenses 3:16). La Palabra en todas sus modalidades de expresión: testimonio, enseñanza, exhortación, canto, etc. A veces esta Palabra es amonestación, otras es ciencia o conocimiento y otras consejo. Dice el Espíritu Santo: amonestaros los unos a los otros; exhortaos los unos a los otros cada día para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. 

c)      Animarse unos a otros.
Para que podamos conocer la Verdad tenemos que experimentarla en el Cuerpo de Cristo. La familia cristiana y la Iglesia nos estimulan al amor y a las buenas acciones. En su seno podemos crecer y ser edificados en la Verdad de Jesús. Sus miembros deben alentarse y animarse a vivir el Evangelio: Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.” (1 Tesalonicenses 5:11) 

Si tenemos comunión los unos con los otros, si nos edificamos y alentamos mutuamente, se desarrollará la esperanza en nuestras mentes a tal punto que estaremos confiados en la Verdad de Jesucristo, la Roca, y nada ni nadie nos desplazarán de esa posición. Ayudándonos unos a otros en esta empresa estaremos más unidos y provocaremos la unidad de las familias y la Iglesia. 
 

4.      EN EL ÁREA DEL ESPÍRITU Y EL AMOR:

a)      Ser hospitalarios los unos con los otros.
Al convertirnos el Señor puso Su Espíritu Santo en nuestro espíritu y derramó Su amor en el interior. Tal amor se desarrolla primeramente en devoción a Dios y luego comienza a expandirse hacia el prójimo: primero la familia, luego los hermanos cristianos, después el entorno laboral y social, los compañeros de trabajo y estudio, los vecinos, etc. una expresión de ese amor es la hospitalidad: Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.” (1 Pedro 4:9) 

b)      Saludarse fraternalmente unos a otros.
Como señal de fraternidad los cristianos se saludaban con un beso. Lo hacían sólo con un hermano o hermana del mismo sexo y no se saludaba así a los no cristianos. Era una señal de hermandad. Hoy en día es costumbre saludarse con un beso, sobre todo si se trata de damas o el joven a un padre o abuelo; es una expresión de cariño y respeto. Cinco veces menciona esta costumbre cristiana el Nuevo Testamento: Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo.” (Romanos 16:16). Se le nombra como ósculo santo” pues es una acción hecha sin malicia. También se le llama ósculo de amor”

c)      Ser pacientes unos con otros.
El mejor lugar para aprender el amor y la Gracia es la familia. En ella se practica la comprensión y la paciencia, una expresión del amor: 4 El amor es sufrido [paciente]...” (1 Corintios 13:4). La Palabra de Dios nos aconseja ser humildes y mansos, es decir no ser orgullosos, para bien relacionarse con los hermanos: con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,” (Efesios 4:2). Soportar es sostener al otro sin tener animadversión por él, sino comprendiéndole.  

d)      Ser benignos unos con otros.
Otro aspecto del amor es la “benignidad” que se expresa en la “bondad”. El Espíritu Santo nos insta a tener sentimientos de benignidad hacia nuestro prójimo, en especial con el hermano: Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (Efesios 4:32). Nos recomienda evitar el pagar mal por mal. No siempre es fácil proceder de este modo. 

e)      Servir los unos a los otros.
El Señor ilustró la actitud que espera de los cristianos, especialmente de los líderes, lavando los pies de Sus discípulos. Esa actitud humilde de servicio entre los hermanos, es la que debe prevalecer en la familia y la Iglesia: Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.” (San Juan 13:14). No debe haber desavenencias en el Cuerpo, sino que preocuparse los unos por los otros. 

f)       Tener amor fraternal los unos con los otros.
Sobre el amor que deben prodigarse unos a otros hay más citas que sobre cualquier otro aspecto. Quince veces se reiteran las palabras de Jesucristo: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” (San Juan 13:34). El amor fraternal es la demostración de que somos discípulos de Jesús: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (San Juan 13:35) 

La Palabra nos habla de preferirnos los unos a los otros; que la única deuda que tenemos entre nosotros es amarnos con un corazón puro. Si lo hacemos significa que Dios permanece en nosotros  y Su amor se ha perfeccionado en nosotros. 

CONCLUSIÓN.

Todo lo que se ha expuesto en esta enseñanza encierra la voluntad del Señor en cuanto a cómo debemos convivir las familias y todos los cristianos en general. Vivir en unidad no es algo fácil porque todos somos diferentes, tenemos defectos, gustos personales y somos pecadores. Pero el Señor nos ha concedido Su Espíritu Santo para poder alcanzar en parte este ideal que aquí se nos muestra: “amarnos los unos a los otros”. 

Podremos construir y mantener la unidad si: 1) En el área del corazón y la fe, nos sujetamos los unos a los otros, considerándonos miembros del Cuerpo de Cristo y siendo veraces entre nosotros; 2) En el área de la conciencia y la paz, cultivamos la paz de unos por otros, nos toleramos y confesamos para sanidad; 3) En el área de la mente y la esperanza, teniendo comunión unos con otros, edificándonos y animándonos en la unidad; y 4) En el área del espíritu y el amor, ser hospitalarios los unos con los otros, saludándonos fraternalmente, siendo pacientes y benignos, sirviéndonos y manifestando siempre el amor fraternal por unos y otros.

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:
1)      ¿Qué debemos considerar al amonestar a un familiar o hermano en la fe?
2)      ¿Cómo se puede estimular la unidad de las familias en la Iglesia?
3)      ¿Qué situaciones hacen difícil la unidad en una familia o en una comunidad cristiana?
4)      ¿Qué desafío le planteó el sermón?
5)      ¿De qué manera está practicando usted la sujeción al Cuerpo de Cristo?
6)      ¿Qué diferencias le cuesta a usted aceptar en los demás?
7)      ¿Qué práctica, a su juicio, nos permite permanecer firmes en la Roca?
8)      ¿Qué aspecto expuesto en esta enseñanza considera usted más difícil de alcanzar?


 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960) “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.

·         MacArthur, John (2011) “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 

·         (1979) “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.

·         (1960) “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/

·         (1974) “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo.

·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/

·         Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php

·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd

·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/

·         Rollo Marín, Antonio (1954) “Teología de la Perfección Cristiana” Biblioteca de Autores Cristianos.

·         (2011) “Nuevo Testamento Interlineal Griego Español” Argentina, Iglesia en Salta, Ministerio Apoyo Bíblico.

·         Ortiz,  Juan Carlos (2001) “Célula: Enfocando el Propósito” Ministerio Hispano de la Catedral de Cristal, Garden Grove, California.



domingo, enero 28, 2018

FAMILIAS QUE ADORAN AL SEÑOR.


LA CASA DEL PAN
REFLEXIÓN Nº3

 
© Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: “31 Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios. / 32 Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.” (Hechos 4:31,32 

Idea central: Las familias cristianas adoran juntas y unidas al Señor. 

Objetivos: a) Comprender la diferencia entre estar las familias “juntas” y estar “unidas”; b) Valorar la importancia y practicar el estar las familias cristianas unidas ante Dios en un corazón y un alma; c) Tener como ejemplo de Iglesia, la primera Iglesia; d) Vivir la fe unidos y no separadas por asuntos doctrinales; e) Predicar el Evangelio, considerando a cada persona evangelizada como un pez que pertenece a un cardumen que debemos alcanzar para Jesucristo; y f) Funcionar como pequeñas comunidades domésticas en las casas, adorando unidas las familias a Dios.  

Resumen: Durante casi tres siglos la primera Iglesia funcionó en las casas, el oikos romano que abarcaba una gran cantidad de personas. El sentir y pensamiento de estos primeros cristianos permitió que familias completas se convirtieran a Jesús, que vivieran unidas la fe y reunidas en las casas formaran un movimiento de gran impacto en la sociedad. Aquellos principios y métodos debieran practicarse hoy día para sacar a la Iglesia de las tentaciones en que vive hoy y prepararla para los tiempos difíciles que vienen.
 

U
na cosa es estar juntos y otra estar unidos. Una pareja puede convivir en el mismo lugar, incluso tener vida íntima, pero no estar unidos en alma y espíritu. Habitar la misma casa no es estar unidos. Con las familias pasa lo mismo, los vecinos se visitan, ríen, comparten, pero no están unidos, no tienen una comunión, un pensamiento y sentimientos comunes. En la Iglesia las familias no sólo se juntan, sino que están unidas en un solo espíritu para servir a Dios de diversas formas y servirse los unos a los otros. No se va a la Iglesia sino que se está en la Iglesia. Nadie dice voy a ir a mi familia puesto que siempre somos parte de la familia. Desde el día en que la Iglesia confundió su ser “familia de Dios” con el templo o lugar donde se rinde culto, se perdió el sentido de unidad y pertenencia a un solo Cuerpo.  

Es necesario recuperar esa unidad de las familias cristianas, eso que es más que estar juntos algunos domingos. Para lograrlo, necesitamos ver cómo vivieron la fe los primeros discípulos. 

¿Cómo vivían la fe las primeras familias cristianas? 

1.      Las familias vivían su fe unidas.
“Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor.” (1 Corintios 16:19)  

La primera carta a los corintios fue escrita por San Pablo desde la ciudad de Éfeso. Al terminar la epístola, envía un saludo de “las iglesias de Asia”, se refiere a las comunidades cristianas del Asia Menor, algunas de las cuales son las “siete iglesias” nombradas en Apocalipsis: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Pero también nombra a un matrimonio muy querido por él, con quienes ha trabajado tanto en lo secular como en lo espiritual, fabricando tiendas de campaña y predicando el Evangelio, la pareja formada por Priscila y Aquila. En la casa de ellos funciona una comunidad cristiana, es decir tienen una “casa-Iglesia”. 

La Iglesia en esa época no estaba dividida por doctrinas como es hoy día en que se agrupan las distintas corrientes de pensamiento en denominaciones. Todos eran “cristianos” y las iglesias se nombraban según el nombre de la ciudad. Eran iglesias locales y no funcionaban en templos, aún no se construían edificios para el culto cristiano, sino que se reunían en las casas.  

Un caso notable es el matrimonio de Priscila y Aquila de la Iglesia de Roma, luego trasladados a Corinto, donde conocieron y trabajaron junto al apóstol Pablo. Tenían el mismo trabajo de Pablo, fabricantes de tiendas. Llegaron a esa ciudad cuando Claudio expulsó a todos los judíos de Roma: “1 Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. / 2 Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, / 3 y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas.”  (Hechos 18:1-3).  

Priscila y Aquila acompañaron al Apóstol en su viaje misionero hasta Éfeso, donde ministraron especialmente a Apolos: “24 Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. / 25 Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. / 26 Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.” (Hechos 18:24-26).  

Después de la muerte del emperador Claudio, la pareja volvió a Roma. La casa de Priscila y Aquila, ambos judíos, estaba abierta a los hermanos de Roma. Cuando San Pablo estaba encarcelado en esa ciudad y habían pasado 16 años desde que conoció a la pareja en Corinto, siendo inminente su muerte a manos del emperador Nerón, escribió en uno de sus últimos párrafos de su vida: “3 Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, / 4 que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. / 5 Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo.” (Romanos 16:3-5) 

Cuando se escribe acerca de “la congregación que se reúne en su casa”, se está hablando de familias que se reúnen en el hogar de una familia cristiana. Las familias oran, cantan a Dios, testifican de los hechos maravillosos de Cristo, leen y comentan la Palabra de Dios, se ayudan mutuamente, evangelizan a otras familias, en fin viven la fe unidas. 

2.      Las familias se convertían a Jesucristo.
“1 Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos” (Filipenses 1:1) 

Filipos es llamada la “iglesia gozosa” por sus admirables cualidades, muy querida por el apóstol Pablo. ¿Cómo nació esta iglesia? Producto de una visión que tuvo el Apóstol: “9 Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. / 10 Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.” (Hechos 16:9,10). Así Pablo fue impulsado en su segundo viaje misionero, cerca del 49 DC., a cruzar el mar Egeo e introducir el Evangelio en Europa. La Iglesia de Filipos fue el primer fruto. 

La iglesia de Filipos se inició con la conversión de Lidia, una mujer gentil de negocios: “14 Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. / 15 Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos.” (Hechos 16:14,15) 

Luego de un altercado por una muchacha que practicaba la adivinación, Pablo y Silas fueron azotados con varas y les encarcelaron. En la cárcel ocurrió la conversión de un hombre y luego toda su familia: “23 Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. / 24 El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. / 25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. / 26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. / 27 Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. / 28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. / 29 El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; / 30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? / 31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. / 32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. / 33 Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos.” (Hechos 16:23-33) 

A partir de estos acontecimientos creció la Iglesia de Filipos, una iglesia constituida por familias, nació en las casas de Lidia y el carcelero de Filipos. Esto es porque Dios no apunta a peces aislados sino a cardúmenes; cada persona representa una familia y cada familia una ciudad, etc.

 

3.      Las familias se reunían en el oikos.
“Y todos los días se reunían en el templo y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2:46).  

Así era la vida de los primeros cristianos; aún no existía la diferencia radical entre judíos y cristianos, así es que ellos adoraban en el templo y compartían los alimentos en las casas. La expresión en griego es kat’ oikon,  “por las casas”. El oikon u oikos se refiere a personas con las que nos relacionamos de manera regular. El oikos era la piedra angular de la sociedad antigua. Era el conjunto de bienes y personas que constituía la unidad básica de la sociedad en la mayoría de las ciudades-estado o polis. Incluía al cabeza o varón mayor, la familia nuclear y extendida, y los esclavos. Esta unidad social y económica fue alcanzada por el Evangelio. Aristóteles describió el oikos como una “comunidad constituida naturalmente para la satisfacción de las necesidades cotidianas, cuyos miembros se definen como aquellos que han sido criados con un mismo alimento”. El mensaje de Jesucristo vendría a alimentar espiritualmente a toda una comunidad de personas, el oikos. Cuando leemos en el Nuevo Testamento la palabra “casa” o “familia”, necesariamente tenemos que ubicarnos en las ideas de “casa” y “familia” de aquella época. 

Filemón, discípulo de la ciudad de Colosas, recibió una carta del apóstol Pablo en que éste le dice: "al amado Filemón, colaborador nuestro, y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa" (Filemón 1:2), tëi kat’ oikon sou ekklësiâi”. Filemón era un hombre rico que había escuchado el Evangelio de labios de San Pablo, cuando éste llegó de Éfeso, y se salvó al depositar su fe en Jesús. Ahora en casa de Filemón se reunía toda una iglesia.  

Las casas romanas de la elite, grandes y elegantes, llamadas “domus”, tenían un patio central o “atrium” en torno al cual se repartían una serie de dependencias. En esta estancia se solía poner el altar destinado a los dioses protectores del hogar y la familia, donde se llevaba a cabo el culto familiar dirigido por el pater familias. Allí también estaban las estatuas de los antepasados. Es fácil pensar entonces que los oikos convertidos a Jesucristo, quitarían esos iconos y en ese lugar, el “lararium”, celebrarían el culto al Señor.  

Otro caso de una “iglesia en casa” es el oikos de Ninfas: “Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa.” (Colosenses 4:15). En su casa, “kat’ oikon”, se reunía toda una congregación. Hay dudas si el nombre corresponde a una mujer o a un hombre; si fuese femenino podríamos argumentar que la iglesia neotestamentaria no era una iglesia machista. Que una congregación se reuniera en casa de Ninfas significa que esta persona tenía un liderazgo y no sencillamente que prestara su casa para reunir cristianos. 

Onesíforo al parecer había muerto recientemente y Pablo, agradecido de su gestión, espera que el Señor le recompense por su servicio y que tenga misericordia de su oikos: “16 Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, / 17 sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. / 18 Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Efeso, tú lo sabes mejor.” (2 Timoteo 1:16-18) Al término de la epístola anota: “Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo.” (2 Timoteo 4:19) “Töi Onësiphorou oiköi” expresa un deseo para el futuro. 

Otros ejemplos de Iglesia en casa es el oikos de Aristóbulo: “Saludad a Apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los de la casa de Aristóbulo.” (Romanos 16:10). En el original griego no dice “saluden a los de la casa de Aristóbulo” sino “saluden a los de Aristóbulo”. Lo mismo sucede con el oikos de Narciso: “Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los de la casa de Narciso, los cuales están en el Señor.” (Romanos 16:11) 

La iglesia neotestamentaria era una comunidad naciente; entre sus desafíos estaba la persecución de las autoridades y la incomprensión del mundo judío, del cual se había desprendido. Aún no tenía templos ni edificios dedicados exclusivamente al culto divino; sin embargo el reunirse en las casas ofrecía una calidez, intimidad, informalidad y flexibilidad que se perderían al institucionalizarse en el siglo IV DC. Ese estado de clandestinidad y silencio de la Iglesia hasta el siglo III cambió radicalmente con el edicto de Constantino del 313 y con la protección de la familia imperial, en particular de su madre Elena, al desarrollar una política religiosa que le llevaría a una monarquía teocrática. 

Hoy día se requiere que la Iglesia vuelva a las casas para protegerse del consumismo religioso, la transformación del cristianismo en un espectáculo, la utilización política de la Iglesia y la tentación del poder mundano. Se requiere de una Iglesia más doméstica, comprometida con la gente, más espiritual, con mayor poder sobrenatural que poder temporal, más practicante del Evangelio y coherente con los principios de su Fundador.  

La Iglesia no es un lugar sino una comunidad de personas, como el oikos del primer siglo, una familia de creyentes. Necesitamos compartir, convivir, conocernos, amarnos, ayudarnos, hacer la tarea o misión que Jesús nos encomendó, dejando a un lado tanta discusión doctrinal y formal que sólo nos separa, produciendo a veces brechas imposibles de salvar. Si Jesucristo es nuestro Modelo de Hombre, la Iglesia Neotestamentaria del primer siglo es nuestro modelo de Iglesia. 

CONCLUSIÓN.
Las primeras familias cristianas no sólo adoraban juntas a Dios, sino que estaban unidas en un corazón y un alma. Son ejemplo para la Iglesia de hoy pues: 1) Vivían su fe unidas, no separadas por asuntos doctrinales; 2) Se convertían a Jesucristo, considerando a cada cristiano como un pez parte de un cardumen; y 3) Se reunían en el oikos, funcionando como pequeñas comunidades en las casas. Las primerias familias cristianas adoraban unidas a Dios.

 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema de la Iglesia actual?

2)      ¿Cómo se puede aplicar el principio “detrás de un pez siempre hay un cardumen”?

3)      ¿Cómo vive su congregación la unidad de la Iglesia?

4)      ¿Qué diferencias y similitudes hay entre el oikos y la familia actual?

5)      ¿Cuál es la importancia de la “iglesia en casa” hoy y en el futuro?

6)      ¿Cómo pueden los cristianos llegar a estar unidos “en un corazón y un alma”?

7)      ¿Qué es más importante para usted: la doctrina o el amor?

8)      ¿Qué situaciones conoce usted de personas que están juntas pero no unidas?

9)      ¿Qué virtudes nos enseña la pareja de Priscila y Aquila?

10)  ¿Por qué no debiéramos decir “voy a la iglesia”?

11)  ¿Cuáles eran, según Apocalipsis,  las “siete iglesias” del Asia Menor?

12)   ¿Cuándo se comenzó a construir edificios para el culto cristiano?

 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960) “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
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